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ENGREÍDA

ENGREÍDA

 

Engreída,

porque sabes que tu mirada

todavía puede romper silencios,

porque caminas con la certeza

de que alguien, en alguna parte,

aún pronuncia tu recuerdo.

 

Engreída,

porque nunca imaginaste

cuántas noches puede llorar un corazón

sin que nadie escuche sus lágrimas,

ni cuántas madrugadas

puede conversar la tristeza

con una almohada vacía.

 

No te culpo por no quererme,

ni reclamo lo que no pudiste dar;

el amor no se mendiga

ni se obliga a florecer

donde el corazón permanece cerrado.

 

Pero duele,

¡cómo duele descubrir

que aquello que parecía eterno

era solamente un sueño

que uno soñaba a solas!

 

Engreída,

qué fácil resulta marcharse

cuando no se lleva en el pecho

la herida de quien se queda,

intentando recoger los pedazos

de una ilusión que se rompió

sin hacer ruido.

 

Y aun así,

no voy a convertir mi tristeza

en rencor,

ni mi recuerdo en una condena.

Hay amores que no se olvidan

porque fueron mentira,

sino porque fueron verdaderos

en un solo corazón.

 

Engreída,

quédate con tu orgullo

si eso te hace feliz.

Yo me quedaré con mis versos,

con mis noches,

con todo aquello que aprendí

cuando amar también significaba

saber cuándo partir.

 

Porque llegará la madrugada

en que tu recuerdo ya no duela,

y entonces comprenderé

que no perdí un amor:

 

perdí una ilusión

que nunca fue de los dos.

 

Y cuando finalmente

la última lágrima se seque,

no habrá reproches,

ni odio,

ni palabras que lastimen.

 

Solo quedará la certeza

de haber amado con el alma

y haber sabido marcharme

con la dignidad intacta.

 

Porque a veces,

la forma más profunda de amar

no es quedarse esperando:

 

es soltar en silencio

aquello que el corazón

todavía quisiera abrazar,

con la mente,

con el alma

y en paz.

 

- El bohemio puro