Un pedazo de sombra menos cuarto
me sigue desde antes de la espalda.
Me nace abajo como una planta negra.
Se quiebra en las esquinas, en los cordones, en las paredes:
hace de las cosas su medida.
Quise dejarla tantas veces,
más de cuatro, casi tres,
en la puerta de un domingo
que no daba a ningún lunes.
Pero viene desde atrás del día.
Desde más atrás, acaso,
cuando alguien dijo alguien
y ya faltaba algo.
La luz no la toca, la piensa
como si quisiera
saber cuánto me falta
para ser del todo oscuridad.
Sin cuerpo, si se estira por la tarde
o desaparece al mediodía,
hace como que llega.
Pero ella no:
ella
sigue llegando nunca.