JordiCris ✍️

Mamihlapinatapai: ma-mih-la-pi-na-ta-pai - Palabras hermosas del mundo-

Video: Zahara - Con Las Ganas (Letra)

 
Mamihlapinatapai.
(ma-mih-la-pi-na-ta-pai)
 
Nació muy lejos de algunos de nosotros,
allá donde el viento aprendió primero
a silbar para conversar con las mareas
y los hombres todavía escuchaban
el idioma secreto en la voz yagán
en la tierra del Fuego.
 
Nació, entre canales australes,
en el confín donde el mundo
parece terminar y comienza el silencio
como premonición de lo que significa.
 
Mamihlapinatapai.
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
Una palabra interminable
para decir lo que dura un instante
o toda una vida si es recuerdo:
 
Una palabra con dos significados:
El etimológico; referencia a la indecisión
a actuar entre dos personas o
el romántico: la mirada que habla
sin voz porque no sabe andar.
 
Dos miradas que se encuentran,
dos deseos que se reconocen,
dos silencios frente a frente
esperando que uno de los dos
rompa primero el hechizo.
 
Tú me miras.
Yo te miro.
Y entre nosotros
queda suspendida una pregunta
que ninguno pronuncia.
¿Quién dará el primer paso?
 
Mamihlapinatapai.
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
La palabra nació para nombrar
ese pacto sin firma,
esa voluntad compartida
que se vuelve inmóvil,
porque ambos desean lo mismo
pero ninguno quiere comenzar.
la indecisión silenciosa
entre miradas hermosas.
 
Y quizá por eso, es más que una palabra.
Es una frontera invisible.
Una frontera que fue “palabra sucinta”:
breve, concisa, que expresa con pocas palabras
publicada en el récord Guinness, libro de 1994.
 
Es una palabra hermosa:
Por ser yaguana,
porque es inocente
y pasó de indecisa
a mirada enamorada
aunque sea puente sin atravesar,
un paso detenido en el tiempo;
entre el deseo y el miedo,
entre el quiero y el todavía no.
 
Es el beso
antes de los labios.
La caricia
antes de la mano.
El amor
cuando todavía no se atreve
a llamarse amor.
 
Es la mirada que dice:
 
«Si tú vienes, yo voy».
Pero ninguno viene.
Y pasa el tiempo…
 
Tú eres quien espera.
Yo soy quien espera.
Y entre los dos levantamos
el altar de lo posible
para una comunión improbable.
 
Entonces Mamihlapinatapai
se vuelve también memoria
de lo que pudo haber sido
y no fue, por no dar un paso;
y, aquello que pudo suceder,
se quedó viviendo para siempre
en el territorio de lo posible.
 
Porque hay palabras
que nombran las cosas,
y hay otras
que nombran precisamente
lo que no ocurrió.
 
Esta pertenece a las segundas:
Mamihlapinatapai.
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
Tiene raíces en una lengua antigua,
pero vive todavía
en cualquier habitación del mundo
donde dos personas se desean
y ninguna se atreve a decirlo.
 
Vive en el andén
donde alguien se marcha
y nadie lo detiene
o donde ve pasar el tren
pero no se sube.
En el café
donde dos desconocidos
han dejado de serlo
pero se irán sin conocerse.
En esa cama medio ocupada
cuando la noche pregunta
y nadie responde.
 
En los ojos
de quien ama en secreto.
En el último instante
antes de decir:
 
«Quédate».
Pero solo suena el silencio.
 
Mamihlapinatapai:
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
La palabra que demuestra
que el silencio puede hablar,
que una mirada puede contener
una declaración entera,
y que a veces dos almas
pueden decirse «te quiero»
sin mover los labios.
 
Quizá el amor,
no comenzó con un beso.
Quizá comenzó mucho antes:
cuando tú levantaste los ojos,
yo levanté los míos
y durante un segundo
el universo entero
quedó esperando
que alguno de los dos
diera el primer paso,
diera el primer beso.
 
Y ninguno lo dio…
Pero nos miramos.
Y en aquella mirada
ya estaba escrito
todo lo que jamás dijimos.
 
Mamihlapinatapai:
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
La palabra sagrada
del amor que aún no comienza,
del beso que permanece
temblando en los labios,
de la mano que se acerca
sin llegar a tocar,
del corazón que pregunta
sin atreverse a preguntar.
 
Es el instante anterior al incendio,
cuando dos llamas se reconocen
pero todavía no se juntan.
 
Es la puerta entreabierta
que nadie cruza.
Es el deseo arrodillado
ante el miedo.
 
Es decir:
 
«Si tú me llamas, acudiré.»
¡Grita mi nombre!
 
Y quedar esperando.
Hasta oír el silbido silencioso
que canta Mamihlapinatapai:
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
Esperar hasta que el tiempo
se convierta en otra forma del deseo.
 
Porque quizá existen amores
que no fracasan por terminar,
sino por no haber comenzado.
 
Amores que viven para siempre
en el territorio sagrado
del «pudo ser».
Por eso yo pronuncio tu nombre
como quien enciende incienso:
 
Mamihlapinatapai.
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
Que nadie profane este silencio.
Que nadie obligue al deseo
a convertirse todavía en palabra.
 
Déjanos mirarnos.
 
Déjanos permanecer
en este segundo infinito
donde tú sabes que te quiero
y yo sé que tú lo sabes.
 
Porque acaso amar
sea también esto:
encontrar a otra alma
al otro lado del silencio
y quedarse allí,
frente a frente,
esperando que el universo
se atreva primero.
 
Mamihlapinatapai.
ma-mih-la-pi-na-ta-pai
 
Es la memoria de todo lo bello
que no sucedió, pero pudo,
es el recuerdo más puro
de una mirada y amor
que no supo y nunca aprendió a andar
pero que dejó un sentimiento:
imborrable, feliz y añorado.
 
Es palabra hermosa
porque evoca recuerdos
que pintan sonrisas
al memorarlo
aunque sea pensando
en los besos no dados,
las caricias que no fueron,
las miradas que existieron,
pero que no florecieron,
pero no duelen, vuelven
como felicidad desde aquel tiempo
pasado y parado para hacerse hoy,
para recordarnos, que siempre
hay que atreverse a dar el primer paso
pues es mejor pedir perdón que permiso.
 
CRISPÍN
Poema Nº156
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