Siempre se ha oído esa frase que nos dice: \" El mundo ha cambiado\", y en ello nos quedamos. En realidad el mundo lo cambian otros, muchos otros; nosotros solo somos meros pacientes de todo lo que nos llega; unos apuntes, incluso unas creencias, y que pueden ser unos recuerdos recién anotados en un papel se pueden quedar de inmediato lejos en el pasado pero siempre están ahí. también se constata que esta sociedad, que no sabe quién es en el fondo, resulta que continuamente nos está pidiendo que sea, que seamos, otra: que no seamos nosotros mismos. Todo va camino a ser una distopía, un algo que en el futuro no sabremos entender al menos en principio, pienso.
hace años, recuerdo, me hablaron de una novela, Curling, de Yaiza Berrocal, en la cual su autora nos habla de una manera ácida pero a su vez con humor acerca del trabajo, de lo que pensamos y en qué nos convertimos en ese espacio de tiempo en que nos encerramos en nuestro interior. En esta novela su autora nos plantea algo que aunque curioso puede que alguna vez haya pasado por la mente de muchas personas y más en estos tiempos en que aún está vigente lo de trabajar en casa. ¿Llegará el día en que los jefes no nos hablarán de propuestas de salarios sino de, como leemos en la novela: \"un presente monetario\". ¿Y qué es un presente monetario? me pregunté yo. Lo hará porque las retribuciones, el cobro, irá de acuerdo y en función de la felicidad del cliente; en realidad ya hay empresas en las que este hecho y sistema ya se aplica: cobrar según la cantidad de clientes que nos llegan y a los que atendemos, yo mismo he estado en una empresa así, con este sistema. Yaiza Berrocal, que trabajó de acomodadora de teatro en la Barcelona cuando fue \"Ciudad Europea de la Cultura\" y en la que acabó muy decepcionada antes de convertirse en escritora y novelista no dice, en su novela y por voz de sus personajes, que no le gusta la palabra \"Empresa\" porque prefieren considerarse una \"gran familia\" y en la que a los trabajadores con espíritu y actitudes críticas se les definen, incluso con la mirada y con los gestos, como \"personas tóxicas\" y que convierten el espacio y el tiempo en energía de tristeza y de rabia. Yaiza Berrocal escribe esta novela a partir de una experiencia de cuando trabajó de acomodadora y en la experiencia que obtuvo que les decían que \"no solo hacía una labor de atención al cliente sino que también eran parte del espectáculo del día, de la función porque ésta empezaba cuando el espectador entraba por la puerta del teatro. En esta novela el pueblo, también en voz de unos de sus personajes, se pregunta si el trabajo es salud y en qué consiste esta salud si le impide hacer lo que quiere, en su trabajo; todo se presenta como una delicada fábula anarquista que es un elogio al tan ansiado derecho a no hacer nada y que funciona como alegoría sobre el mundo que habitamos, solo que aquí hay una enorme papa caliente que amenaza con reventar a una población (crisis de valores, crisis económica, conflictos sociales, una pandemia, un volcán y ahora una guerra, otra, que amenaza - o dicen que amenaza -, al mundo), mientras nosotros los habitantes debatimos, los que aún tenemos un pensamiento diferente, sobre una verdad incómoda que todos hemos callado siempre y es que a nadie le gusta trabajar.
\"Hoy en día se promociona mucho la idea del trabajo como valor, es importante rechazar esa idea\" decía Butzbach en su novela \"El silbido al correr del aire\", y añadía: \"si nosotros los humanos fuéramos en verdad inteligentes deberíamos haber dejado que las máquinas hicieran todo el trabajo por nosotros y prohibir a los ricos para que no tengamos que trabajar para enriquecer a nadie\". No es solo este novelista, Butzbach, el que piensa así, yo soy uno y ya son algunos otros y quizás, ojalá, en el futuro muchos más.
Reeditado.