Tenía 20 años cuando noté que todos caminaban y yo corría. Corría para llegar al trabajo, corría para llegar a casa, iba a todos lados corriendo.
\"Es la ansiedad\", decía en forma de chiste.
¿Y si no era chiste?
¿Cómo pretenden que camine si en la vida lo único que aprendí es a correr? No solo para sobrevivir, sino para estar siempre lista. Vivir lista, estar atenta.
Cuando quise caminar, no pude. Mi cabeza estaba programada para correr sin importar qué. Vivir en estado de alerta me estaba desgastando. Me sigue desgastando, pero con el tiempo aprendí a caminar, a hacer pausas.
De todas formas, siempre llegué última, en todos lados y en todos los sentidos. La vida se encargó de ponerme en los sitios equivocados.
Aun así, correr a veces me salvó.
Ahora vivo en una lucha constante donde correr no es malo, pero tampoco es bueno. Corrí siempre hacia la meta. Pero no gané y tampoco disfruté la carrera.