La noche los juntó sin un cupido,
dos tazas de silencio, un mismo pan,
Ella lo llamó con su latido,
El la nombró como verdad.
Llegaron tarde, sí. Llegaron tarde,
Mas hicieron un cambio en el camino
sus almas se calzaron sin alarde
dispuestos a beberse todo el vino.
Afuera el mundo con sus reyes,
dormía en sus horarios , su muro y su deber
Adentro, ellos hacían sus propias leyes,
Jurando en sus barajas su querer.
La noche era su tierra sin aduanas,
y el silencio el testigo de los dos
la luna su casa con ventanas
y el viento, el eco de su voz.
Se quisieron de pronto, sin permiso,
como dos cauces que no debían cruzar
mas cruzaron la línea del sumiso
y jugaron sus cartas al azar.
“Llegamos tarde”, en coro se dijeron
Y el eco en las paredes respondió
con esa precisión del relojero,
“el tiempo no es problema entre los dos”
Entonces se juraron a escondidas
ser uno en el silencio de su voz
y no pedirle al rey de los escribas
la historia que el mundo les negó.
Así jugaron sus cartas prohibidas,
mano a mano, torciendo la razón.
Y si el mundo preguntaba entre comillas
negarían con los labios lo que nunca el corazón.
Testigos fueron la noche y el silencio
La ventana, la luna y el temblor,
De sus cuerpos que no se resignaban
A desterrarse cobardes del amor.
@Mrey- Historias. Safecreative. Cusco. 2026