Poesía que respira en la memoria
confundida con el humo del cigarro
abandonada por la luz de las cenizas
que en el suelo va sembrando
los pasos desnudos de mis zapatos.
Poesía mascando las calles de mi barrio
que implora en la cruz de las espigas
un verso de un verano sedentario.
Garrotazos de calor de febrero
que atacan mi piel pegada a los huesos
develando mi esqueleto
sin saber si es alma o es tiempo.