Freddy Kalvo

El hijo y la prostituta. Episodio IV

…

Y se vino la factura

reclamando los decretos.

 

La moral no tiene nombre

ni apellido ni aparejos,

cuando priman intereses

al igual que los deseos.

 

De la plática pasada

que se narra en otros versos

conminaron al fulano

diputado, (don Ernesto),

a que hiciera bien la plana

requerida en el Congreso.

 

¡Y así pasa cuando el alma,

va vendida al mismo espectro!

 

La mañana de un verano

a su casa llegó Anselmo

con su traje refinado

y el padrino de don Neto.

 

Y empezaron la tertulia

con un tono zalamero:

 

—Hoy venimos de visita,

tú ya sabes cómo pienso,

llevas ya tus dos, tres años,

dentro de este Parlamento.

Solo activas los botones

que presionas con tus dedos

¡Y lo has hecho siempre bien

y por eso, celebremos!

 

Pero vienen decisiones

que explicarte, apetezco.

Me acompaña don Cipriano

(el padrino de tus sueños).

 

—Oye Ernesto—, dijo Anselmo,

en un tono con sosiego.

—Yo confío en tu postura

y que entiendes el contexto.

 

—Tu trabajo es siempre el mismo

tú ya sabes, nada es nuevo,

don Cipriano me asegura

que tú cumples el acuerdo.

 

Dijo Ernesto, muy sonriente:

—¡Yo muy firme me mantengo!

Solo pido nunca falten

en mi caso, muchos réditos.

 

Se anticipa don Cipriano

y le dice: —¡Por supuesto…

Ser leal es tu primicia

lo demás, es lo de menos...!

 

Y aprobaron muchas cosas

muy nocivas para el pueblo.

 

Ya la Hacienda del Estado

no soporta los adeudos

y el Congreso sigue dando

vistos buenos a más préstamos.

Va la deuda exorbitante

con celeridad, creciendo.

Y los precios por las nubes

de preciados alimentos;

los despidos hoy son moda,

aunque aumente el desempleo;

y quien grite o los señale

sin tapujos, zampan preso.

 

Retroceso es lo que miro

del Estado de Derecho.

Pero todo se termina,

siempre todo va a su tiempo:

tiempo para vacas gordas

cuando abunda más el heno;

tiempo para vacas flacas,

si el verano siempre es seco.

 

Y después de los aplausos

a la jerga del gobierno

ya vendrán otros hervores

cuando el pueblo esté despierto.

 

Pero aquí esto no termina.

Yo le pido (sin transgredo),

continuar con la lectura

del romance en estos versos...

 

Ya en las nuevas elecciones

el fulano no fue electo

su curul ya fue ocupado

y eso mismo ahora observo.

Don Ernesto hoy ha llorado

y ha perdido privilegios

y sus sueños se han truncado

si ha perdido su buen sueldo.

 

Como todo, todo cambia,

llega todo más revuelto

si el poder no lo cobija

y el pasado es más grotesco

pues lo azuza y lo persigue

sin descanso y sin consuelo.

 

Hoy el pueblo no lo quiere,

quieren más quizás un perro

del que abunda en los caminos

aunque ladre igual como ellos.

 

¡Y se vino la noticia!

En la lista ahora encuentro

al Anselmo y Cipriano,

doña Laura y un tal Pedro,

don Augusto y niña Gloria

junto con el mismo Ernesto

acusados (según nota)

de burdo enriquecimiento.

 

La Madre del susodicho

al verlo ya prisionero

con lágrimas en sus ojos

dijo: —En vano fue el consejo.

Y cayeron esas lágrimas

sobre el árbol ya muy seco;

las raíces, marchitadas,

ni con ellas florecieron.

Y aquel hijo acongojado,

con grilletes ya bien puestos

solo dijo: —Madre mía,

olvidé a mi Tata Eugenio.

 

Y en aquella molotera,

cuando fueron a traerlo

Ruperto, el vecino, dijo:

—¡Qué se pudra ese adefesio!

 

Y así termina esta historia.

Los bienes que tuvo Neto

después, con justa condena,

se esfumaron sin reniegos.

Y hoy sus bienes, el Estado,

los reclama como dueño.

 

Pero hay algo que sorprende

y es que nunca entienda el pueblo

que el político abusivo

sigue dándole más sebo:

«La mentira es un sedante

que adormece en el silencio...

Y así vive adormecido,

si lo dopan con los miedos».

 

Cambiar eso no es tan fácil

porque son grandes los retos...

 

Si esto usted lo imaginaba

ya este cuento no es tan cuento,

reza el dicho que es bien dicho:

«Todo cae por su peso».

 

Este cuento que he contado

ya no tiene nada nuevo

si la historia lo registra

como trapo chuco y viejo.

 

«La alegría dura poco,

la factura dobla el precio...»

 

Para quienes no han leído el Episodio I, II y III, les dejo los enlaces:

 

Episodio I = https://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-842407

Episodio II = https://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-843341

Episodio III= https://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-844328