Jaime Correa

La casa vacía

Cuando los hijos se marchan, qué duro,
qué herida tan profunda y tan callada.
No es solo una partida, es vida arrancada,
es quedarse en la casa, en silencio oscuro.

Cuando los padres se mueren, más crudo,
se nos va el techo, el nombre, la mirada.
La vida no nos quita, nos quita todo,
y uno queda huérfano, aunque tenga de todo.

Los hijos se van y duele porque viven,
los padres se van y duele porque mueren.
En ambos casos, el alma se queda sola,
aprendiendo a vivir con la casa vacía.

Jaime Correa