Contemplé como sangraban
mis más profundas heridas,
las personas más queridas
sentí como se alejaban.
Quedó la casa vacía,
sin eco de sus pisadas,
en esas horas heladas
la noche devoró al día.
Se fue apagando el sonido
de las palabras de antaño,
quedando el duro peldaño
del silencio y el olvido.
Aprendi a mirar la sombra
esperando a ese viajero,
que perdido en el sendero
no escucha a quien hoy lo nombra.
Sin esperar la llegada
ni el calor de algún regreso,
ya sin fuerzas me confieso
un alma desesperada.
Classman