El cronista sin puerto

El guanabanero.

En medio e\' la casa, callada,

un guanabanero, ¿pa\' qué?

Dos kilos de fruta colgada

y las hojas, to\' los días,

al piso a caer.

 

¿Triste?

¿Alegre?

No sé.

 

De noche, los monstruos:

ratas, pericotes,

dientes y hambre,

roe que roe.

 

Cae la fruta.

 

Pum.

 

Se abre contra la tierra,

blanca, güena, perdida,

y nadie se levanta.

 

De día, los pajaritos:

saltan que saltan,

bailan, bailan.

Ni un luto,

ni una pena.

 

Bailan sobre lo que cae.

 

Y yo aquí, en la casa,

oyendo el pum,

viendo el baile,

pa\' qué pregunto.

 

Dos kilos de dulzura

pudriéndose pa\' nada.

 

Y el árbol, callado,

otra vez dando.