La música todo podía abarcarlo
como las raíces abarcan la tierra.
Tu voz, mis palabras, las notas, el llanto,
fueron escenario de la luna nueva.
Brotó una mirada, nació una semilla
y se fue llenando la noche de estrellas.
Murmuró la nada. El río en su orilla
dejó abandonada la más larga estela.
Juntos recorrimos la magia sin nombre.
Ambos lo supimos. Los dos ignoramos
que aquella partida fue una daga entonces
y luego fue herida que nunca cerramos.