Sobrevivo
a la ausencia de tu pelo en este viento,
a la presencia de tu viento en este duelo,
a la luz que despiden las flores amarillas,
sobrevivo a tus costillas.
Sobrevuelo
en la noche insistente de aquel dia,
que juraste por tu vida y por la mia
que este amor era de perros y de guerra,
mientras guardabas un dátil en tu cartera.
Sobrecargo
la columna vertebral de nuestra cama,
donde hoy me rozan la espalda las escamas.
De aquella carta que alardeaba nuestro nombre
nos queda el sobre.