alicia perez hernandez

FUSIONADOS EN POESÍA....

FUSIONADOS EN POESÍA....

 

Si yo fuera poesía? escribiría en tus labios

hermosos versos de amor, besaría tu mirada

profunda como el mar, abrazaría tu cuerpo

como la arena abraza el mar, bebería de tus labios

versos de amor, me quedaría en tu espalda escribiendo

poemas de amor, besaría cada una de tus pecas

de la espalda con mucho amor, te daría una constelación 

de estrellas brillantes a tus bellos versos.

Me hundiría en tus ojos hermosos

¡Ojos míos, de mi querer!  

Ojos divinos, causa de mi poesía,

abrazaría tu piel desnuda

entre mis piernas en un orgasmo,

de una noche de amor llena de pasión. 

Llenaría tu cuerpo de besos

y me dormiría en tus entrañas.

Soy mujer, soy poesía, canción y amor tuyo.

y con devoción deseo poseerte en versos.

Me Pierdo En Las Páginas De Tu Libro amándote! 

Para Rimar Con Delirio De Amor, 

En Poemas Eróticos Que Escribimos Con Fuego Y Pasión,

donde me describes con tesitura como si fuera la nota

de una canción, una canción favorita de los dos.

Siempre te hago mío en cada verso

de tu poesía y de mi poesía. 

Regalo de Dios escrito en las páginas

con el dedo de Dios en versos,

y sentirnos en cada poesía que Dios te dicta,  

letras difícil de descifra amándonos entre paréntesis,

y rimas, estrofas, sonetos y alegorías.

Entretejido en mis venas y mis huesos, arterias,

de mi corazón, eres mi respiro y te vivo a diario,

me vivo en ti y tú en mí y nos nos tenemos,

entre letras amándonos y sintiéndonos,

fusionados en una poesía de ti y de mí, de los dos.

porque te hiciste eterno en mis ojos. Ojos míos!!

 

Alicia Pérez Hernández… México

No es la pluma la que escribe, es el alma

Todos los derechos reservados©

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!

Poema Del Regreso José Angel Buesa