Llegó el invierno,
rompiendo el molde de la verdad.
Llegó sombrío, como una fuente
que rebosa savia
por los poros del tiempo.
Un recuerdo lejano de primavera
la atravesó como una saeta
que se pierde por los confines
de las estaciones.
Se murieron sus veranos
sin ver el ansiado trébol de la suerte
que siempre buscó como la salvación
de los males del mundo.
Un respiro otoñal, sembró
sus campos de hierba reverdecida,
y un soplo de aire fresco bañó su rostro
devolviéndole lozanía y serenidad.
Pero el invierno nefasto,
siempre al acecho,
apareció cargado de pérdidas,
de sombras, y escalofríos.