Me prometí no escribir más versos pobres, no más poesía barata, ni vino, ni cigarros, ni besos vacíos.
Sin embargo, he vuelto a la tinta, con las manos cansadas, con ceniza en la falda, dejando otra historia a medias, otra mujer callada.
¿Que hable de ti?
Diré que eres tierna en las mañanas, con el pulso vivo y brusco, y la luz que alumbra este mundo
Yo fui eco, espacio deshabitado en tu pecho.
Tú fuiste en mí la vida entera,
el golpe que sacude el alma y la despierta, otra mentira y otra maltrecha
No hay furia en mis versos, no.
No hay reproche.
Yo bendigo tu andar,
y bendigo a quien te acompaña, ahora me pertenezco.
No vuelvas.
Olvida si quieres.
Pero que un día, en un tiempo lejano, sonrías al tropezar con un poema en pedazos.
Yo no dejé el vino.
Yo no dejé el cigarrillo.
Fuiste tú quien me dejó sin
besos vacíos.