Eran dorados los reflejos
Teníamos el alba en la mirada
El cuerpo buscaba el cuerpo
El alma encontraba al alma
Llegó un rumor de lejos, un eco
Como de una noche sin mañana
Noche sin luna, noche de muertos
Quizá doblaron las campanas
Y el alma olvidó el cuerpo
Y las almas no se encontraban
Los jardines se tornaron desiertos
Donde, yerma, sigue errando mi alma