JUSTO ALDÚ

ALMA HERIDA

ALMA HERIDA

Alma herida, que sangras en silencio,
mientras la noche afila su traición,
¿qué dios convirtió el beso en vil desprecio,
qué sombra envenenó tu corazón?

Tu amor me dejó naufragando lejos,
donde mi fe murió sin sepultura;
dejaste entre mis labios tus reflejos
y un páramo de sal en la ternura.

Yo fui la sed que bebió de tu fuente,
tú, máscara sedosa del engaño;
llevabas un puñal bajo la frente
y un beso que llevaba tanto daño.

Hoy mi dolor no implora ni maldice,
se viste de silencio y de altivez;
la herida que tu ausencia aún maldice
ya no se inclina ante tu desnudez.

Que nadie diga: -fue vencido el hombre-;
del polvo levanté mi dignidad;
tu traición quiso sepultar mi nombre,
pero aprendió mi sombra la verdad.

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