Jesús Ángel.

La clase.

 

 

Allá por tercero de EGB, a los ocho años,

en clase de Religión le hablaron del paraíso.

 

Le contaron que estaba en el cielo,

adonde iban los muertos que habían sido buenos.

 

Experimentó la luz y la sombra;

la pérdida y el encuentro;

la caída y el ascenso;

 

el dolor y la aceptación;

la resiliencia y la transformación.

 

Entonces descubrió

que aquel profesor de Religión se equivocaba.

 

El paraíso no es aquel

al que van los muertos que han sido buenos.

 

Es aquel que permanece abierto para quien es capaz de recorrer su propio camino,

con firmeza, resistencia y determinación.

 

Que se edifica a cada latido,

se construye con las propias manos, se conquista desde dentro

y se vive en la propia piel...

 

No sin tiempo.

No sin trabajo.

No sin cicatrices.

No sin dedicación.