POEMA DIFÍCIL DE PARAR
Nunca alcancé a ver tal profusión de charcos,
grandes, pequeños, casi continuidad, sobre el suelo de asfalto
o del camino, del agua de lluvia sobre las calles
y también por los solares, tal era así que,
no se podía avanzar sin pisar agua de lluvia,
qué tormento prodigioso.
Enlazados los charcos como si el surtidor
hubiera cesado de manar hacía un minuto,
charcos lisos, dignos,
silenciosos y otros brillantes como espejos, con la humedad
en el ambiente y con el frío, otros inmóviles o
con un leve temblor en superficie
por efecto de la ráfaga de viento que empujaba también
las nubes extremadamente oscuras
y las copas de los árboles, en socavones o en ligeras
depresiones del asfalto que no producían hondas
hasta la caída de una hoja o de un insecto,
de una piedra quizá, qué portentoso fenómeno.
Nada es más agua en superficie que un charco.
Es difícil mantenerse mucho tiempo
en uno de ellos.
Gaspar Jover Polo