Entraste a tu taller con inspiración...
Usaste tus herramientas con ambición...
Tallándome de apoco con precisión...
Creándome... a tu manera.
¡Contémplame!
(por favor...)
¡Admírame!
(por favor...)
¡Adórame!
(por favor...)
¡Soy un dios!
en la tierra.
Tu mayor creación, tu obra maestra.
De pronto tus ojos expresaron el horror...
gritaste sin contener la frustración...
odiando por nunca hallar la perfección...
Hoy tu dogma...
me condena.
Entonces me empujaste sin pensar,
mi cuerpo inerte cayendo hacia atrás,
partiéndose contra el piso sin protestar.
Ahora soy...
los escombros.
Limpiaste el taller,
guardaste tus herramientas,
apagaste las luces
y saliste por la puerta.
© Elías Iguini, 2026. Derechos reservados.