LOS DADOS DE LA VIDA
He tirado los dados de la vida con la mano temblando de certeza,
y casi siempre el número que vino
era el que no llevaba en la cabeza.
Moví fichas creyendo ver la ruta,
salté casillas, doblé por atajos,
dejé pasar la jugada que abría el tablero,
por un turno equivocado.
He tirado los dados, he vuelto a tirar,
si la vida me deja, los vuelvo a lanzar.
He tirado los dados, los vuelvo a tirar...
¡que mientras haya juego, hay que jugar!
Hubo cartas marcadas por el tiempo
que confundí con ases de la suerte,
y un rey que dejé sobre la mesa
sin saber que era la carta más fuerte.
He tirado los dados, he vuelto a tirar,
si la vida me deja, los vuelvo a lanzar.
He tirado los dados, los vuelvo a tirar...
¡que mientras haya juego, hay que jugar!
También lancé los dados contra el cielo,
como quien reta al dueño del tablero,
y cuando el azar puso seis veces la misma cara,
cambié de juego.
Hoy quedan algunas piezas sin dueño,
un caballo cojo al borde del camino,
dos cartas boca abajo en la memoria
y un dado de canto, todavía indeciso.
No sé si la partida estaba escrita
o fui yo quien barajó mal las cartas.
He tirado los dados, he vuelto a tirar,
si la vida me deja, los vuelvo a lanzar.
He tirado los dados, los vuelvo a tirar...
¡que mientras haya juego, hay que jugar!
Los vuelvo a tirar...
los vuelvo a tirar...