Antonio Muñoz

“Señor”

Señor, espérame en la eternidad de tu memoria,

para que siempre me recuerdes como yo te recuerdo a ti,

no como sombra que se pierde entre la niebla,

sino como la llama que nunca deja de arder aquí.

Yo no te olvido, aun si quisiera olvidarte,

porque vives en estos labios que siempre hablan de ti,

en cada historia que cuento al caer la tarde,

en cada brindis callado que elevo hacia ti.

Espérame donde el tiempo ya no duele,

donde las largas pláticas no conocen final,

donde el tequila de la ausencia se vuelve dulce

y el abrazo esperado se hace eternal.

Y mientras llego a tu lado, en esa orilla serena,

seguirás vivo en mi voz, en mi andar, en mi fe;

porque quien ama de veras nunca se ausenta del todo:

te llevo en el alma, y en el alma viviré.