Me exilio de tu boca,
pero tus labios ya tienen nuevas fronteras,
nuevos ecuadores, nuevas Pangeas,
y yo no soy más que uno más que
camina y respira sin sentido.
Andaré quieto por el desierto, no buscaré agua,
buscaré tu piel en tensión.
Oh, toro jorobado, te arrodillas ante el rojo de sus labios
y a mí me embistes con su silencio.
En este mar de arena las estrellas son sequía, las noches braman por ti.
No sé la poesía de tu cuerpo, pero mis manos saben cada verso de tus piernas.
Tu desierto, yo y mi mar en las sabanas blancas.
Raymundo Avendaño Flores
10/01/26 Santa Clara California