Los pocos vistazos que echó el cobarde,
Ni arrepentirse hizo el muy detestable;
Admirar aquella estrella,
Bálsamo confortable.
Ojos de perla los tuyos,
Joyas irremplazables e inalcanzables;
Tesoro perdido en el mar,
Recompensa que desearía alcanzar.
Yo soy Neptuno; tú, el Sol mismo,
Irradiando tu belleza
A diestra y siniestra
A aquel que, sin intención, ya has sometido.
Ojos de perla, cabello envolvente y
Sonrisa brillante, andar relajante;
Qué dicha, qué pena
Que tú aún no conozcas
Mi amor desbordante.