Tan seguro de mí,
que aposté mi felicidad
a lo que traería el mañana,
en una carrera.
Todo marchaba bien
hasta que me distraje
con un lago de plata
que bailaba en la luna.
Lamenté cuando perdí
contra el caracol
que iba hacia atrás.
Me colgué, a puño cerrado,
mi medalla de tierra seca.
Una pequeña hoja asomó,
regado con mis lágrimas.