FRANCISCO CARRILLO

oro parece, platano es...

Esta historia que ahora cuento

ni es verdad ni la desmiento,

no sucedió pero puede

suceder, cualquier momento.

 

Una noche de concierto

entre amigos, pudo ser

dando saltos me rocé

sin querer con un monumento.

 

Era un cuerpo moldeado

por dioses del firmamento

ojos verdes y unos pechos

perfectos, donde lo estén.

 

Una diosa, un portento

con cabellos plateados

con vaqueros apretados

y arriba, solo un sostén.

 

Todo empezó como broma

entre risas, la miré

y en su boca adiviné

ven que te invito a una copa.

 

Nos cogimos de la mano

y a la barra, y sin sed

nos pedimos un café

subidito por los grados.

 

Entre música y revuelos

sin querer nos abrazamos

y sellaron nuestros labios

el pecado a conocernos.

 

Me dijo, vente a mi casa

estoy sola en el campo

y mi cuerpo está esperando

y vacía, está mi cama.

 

Sin pensarlo, dije si

y nos fuimos del concierto

y camino de su huerto

mas dichoso me creí.

 

¡Ay mi dios, pobre de mi¡

comparado a esa mujer

que me saca varios pies

del talón a la nariz.

 

En su cuello pude ver

algo, que no comprendí

parecida a una nuez

entonces, le pregunté.

 

¿ Que nombre dices tener

quizás, me dijiste Inés?

no, te dije que Manuel

y de noche, travestí.

 

Menudo fue mi pastel

y como estaba caliente

me dije, me imagino que es Inés

y a Manuel le hinco el diente.

 

Esta historia que ahora cuento

ni pasó, ni la desmiento

pero pudo suceder

y si pasa, no lo siento.