Esta historia que ahora cuento
ni es verdad ni la desmiento,
no sucedió pero puede
suceder, cualquier momento.
Una noche de concierto
entre amigos, pudo ser
dando saltos me rocé
sin querer con un monumento.
Era un cuerpo moldeado
por dioses del firmamento
ojos verdes y unos pechos
perfectos, donde lo estén.
Una diosa, un portento
con cabellos plateados
con vaqueros apretados
y arriba, solo un sostén.
Todo empezó como broma
entre risas, la miré
y en su boca adiviné
ven que te invito a una copa.
Nos cogimos de la mano
y a la barra, y sin sed
nos pedimos un café
subidito por los grados.
Entre música y revuelos
sin querer nos abrazamos
y sellaron nuestros labios
el pecado a conocernos.
Me dijo, vente a mi casa
estoy sola en el campo
y mi cuerpo está esperando
y vacía, está mi cama.
Sin pensarlo, dije si
y nos fuimos del concierto
y camino de su huerto
mas dichoso me creí.
¡Ay mi dios, pobre de mi¡
comparado a esa mujer
que me saca varios pies
del talón a la nariz.
En su cuello pude ver
algo, que no comprendí
parecida a una nuez
entonces, le pregunté.
¿ Que nombre dices tener
quizás, me dijiste Inés?
no, te dije que Manuel
y de noche, travestí.
Menudo fue mi pastel
y como estaba caliente
me dije, me imagino que es Inés
y a Manuel le hinco el diente.
Esta historia que ahora cuento
ni pasó, ni la desmiento
pero pudo suceder
y si pasa, no lo siento.