Estaba el guadal en un beso
de olvido estremecido
y prosas de olores muertos.
La morriña era un ridículo insomnio,
el manso anhelo de una resina lúgubre,
de un serrucho bailarín e iluso.
Y es ahora la nieve pintada de alegría
en el alba de una doncella,
y el crepúsculo la bendice para siempre.
Pero los ropajes de esta temporada
son buenos para un amor que solo
junta estrellas con labios extraviados
y vanidosos,
con uñas de hollín primaveral.
Su boca de lava fría puede socavar
noches doradas de amores desfondados.
Se evapora como un brillo sátiro,
bautizado en la historia,
como un bohemio interrogante
de vuelo acaramelado,
delirante de humo.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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