Después de tomar un café en un restaurante al final de la playa del Cura, me encuentro caminando detrás de una pareja que se ve muy anciana. Él camina con paso inestable apoyado en un andador, ella va a su lado. De repente, él se detiene y, sin una sola palabra, da un paso vacilante hacia ella, suelta una mano del manillar, la atrae hacia sí y la besa.