¡Que portento de pasión
emanaba de su cuerpo;
que sentía el alma ardiendo
cuando me entregó su amor
Como fresco girasol
que suave lo mece el viento;
con un divino embeleso
su ternura me ofreció.
Esa noche yo viví
de Afrodita su lujuria
con la caricia febril
que nos provoca locura;
pues sus labios de carmín
me llevaron a la luna.
Autor: Aníbal Rodríguez