Los días se acumulan en la sangre,
horas perdidas que caen
bajo la tardía luz del invierno.
La poesía vuelve como los ríos
y el misterio de sus aguas
sobre las que tiernamente duermo.
Jardines florecidos,
cuna de resplandores
que engendran sueños.
En un día claro,
nada más que corazón
y un amor interminable
que descansa en las orillas
esperando, quieto y paciente,
pero nunca muerto.
Y yo despierto en el vacío, sin alas,
con una imagen que se va
conforme nace la mirada
de mis ojos tibios, pero solos.
La vida pasa de regreso,
la tristeza ha de regresar.
Entre silencios y primaveras
tendría que brotar la gracia
de los sueños.