Hay una cruz en el monte
y en la playa sopla el viento.
Los rios llevan sus aguas,
corriendo, siempre corriendo.
Y la mañana siempre tranquila,
nos moja con sus recuerdos.
Rocios con gotas de luz sin luna
y aromas de olivo e incienso.
El sendero llama al viajero
y lo encadena a su tiempo.
Arrancándole todo al pasado,
y dándole un futuro incierto.
El viento no tiene raíces
y besa sin boca ni aliento.
Buscando, siempre buscando
el olvido sin voz ni silencio.
Somos una sombra sin sol
en viaje sin rumbo y momento.
Alguien nos dejará una flor
en una eternidad sin tiempo.