Hasta aquí llegamos,
le grité al corazón,
pero él se olvidó
de la razón
y se decidió
por la pasión.
Pareciera ser
una sensación de desazón
intentar someter
a la razón
los sentimientos
que cruzan,
como ráfagas de viento,
mi corazón.
Hasta aquí llegamos,
gritó mi voz,
pero por simple dispersión
el viento
mis palabras se llevó.
Las busqué
en cada rincón
que habita mi existir,
pero me fue sobrehumano
persistir
en encontrar
aquello
que ya había expresado.
Que las palabras
se las lleva el viento,
había escuchado,
pero jamás
sobre esas letras
había recapacitado,
y mucho menos
sobre el dolor
que han causado.
Hasta aquí llegamos,
me dije
una y tantas veces,
que hasta a mí mismo
me cuesta creerme.
Porque cuando utilizas
una frase
demasiadas veces,
termina perdiendo
el sentido
y el respeto
por aquello
en lo que tanto crees.