No todo está escrito en
absoluto; de nada y
sobre nada.
Sabemos lo que
nos han
dejado
saber
Si analizamos bien hoy a la juventud mundial, ésta que sufre y avasalla, interpretamos que esta generación se ha visto, ha sido forzada, a imitar a sus padres y abuelos: han aprendido a ser sádicos impostores, déspotas; también, claro, hay excepciones…
Del poeta García Lorca sabemos solo lo que nos han dejado saber, quizás lo que se quiso que se supiera. Lo han dejado para la posteridad como un poeta mártir - quizás más mártir que poeta -. Lo cierto, se sabe, que no fue en absoluto una buena persona del todo, tampoco fue un miserable a tiempo completo. Fue, sí, esa especie de señorito español hijo de antepasados cercanos como esclavistas en Cuba, de aquellos que luego volvieron como “indianos” y que con el dinero de la esclavitud compraron propiedades. Quizás deberíamos ahondar un poco más en su propia familia, en las disputas por cuestiones de propiedades compradas. Un “problemilla” genético de herencia, se ha dicho, que le hizo despreciar y maltratar a Miguel Ángel Hernández y que fue una persona pobre y mejor poeta que él, al que persiguieron hasta encarcelar y dejarle morir enfermo. Es, ésta, otra lectura también diferente.