Quiero
que me dejes descansar
cuando me haya hecho vieja,
en algún rinconcito de tus alas de plata.
Cuando sienta el cansancio,
miraré el fondo de mi alma
y viajaré tranquila hacia
la noche oscura.
Recordaré, el rostro del ayer
con un sublime beso a las estrellas.
Y, antes de caer rendida sobre el diván que
me espera todos los días en mi cuarto,
pondré lo bello de la vida en mi mesita de noche,
segura que el tic tac del reloj
me devolverá la paz…
de tu mirada.
L.G.