Si el odio dicta al hombre su sentencia,
y el agravio reclama otro castigo,
¿qué queda de la ley, si al enemigo
le damos por justicia la violencia?
Hoy la venganza se disfraza en ciencia,
y el miedo empuña un ciego desafío;
cada pantalla enciende el poderío
de una turba sedienta de sentencia.
Ya no basta la espada ni el suplicio:
el mundo multiplica sus condenas
con tribunales hechos de rumor.
Mas romper la cadena del perjuicio
es alzar sobre el odio nuevas venas:
justicia sin venganza, y sin rencor.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026