Cada palabra, cada momento,
cada beso que compartimos,
cada silencio y cada caricia,
-las furtivas o las descaradas-
cada susurro, cada sueño,
son raíces que plantamos,
de nuestra historia cimientos
para construir una vida, esa vida,
que queremos compartir juntos
y vivir, soñar, disfrutar y evocar
cada segundo, único y efímero,
de una eternidad enamorada
que, como el árbol que crece,
irá extendiendo ramas y frutos,
cultivando un futuro, unidos,
un hogar, un proyecto, un mundo
que, entre tú y yo, amor mío,
es un verso compartido.