Hay días donde parece que nada pasa,
donde el sol sucede con naturalidad,
la gente pasa en el mismo lugar:
Hay días donde en efecto, no pasa nada.
Días así donde los arboles brotan silenciosos,
las horas transcurren,
y yo,
varado en mi propia mente:
observo.
Siluetas,
enfermedades,
vientos,
nadas.
Recurro al pesimismo de vez en cuando,
si es que la ilusión trastorna mis sensibilidades.
Sin embargo,
es muy probable que este soñando todo el día,
pese a los días normales,
dentro de mí,
sucede lo menos normal.
Soy un silencio brutal,
cristal liquido estremecido,
lampara embrutecida,
azotea de los misterios,
hogar de todos mis locos,
miseria de la razón,
la condición humana viva.
Hace años que la cabeza no giraba hasta salir de sí.
La cabeza que gira y encuentra.
Mujer/cueva/espacio/temblor.
El pecho perdido entre...
misterios,
ideas y colores,
aquella pinta con su serenidad un corazón,
oscuro,
precipitado hacía el vacío más dulce,
hacía una resurrección,
donde los versos habitan excitados,
donde la luz crece infinitamente,
en donde la muerte es un chiste que asusta a los niños.
En la pezuña de un caballo que lleva aquellos ojos,
presencia,
retrato,
animal crepitante en la violencia del deseo,
jazmín alborotado en todos los jardines,
solo tú.
Aquella que pinta con serenidad un día normal.