Kenneth Emilio Vargas Ovalle

RUMY

La mañana huele a humedad,

hay lana y fogón para calentar.

Una sonrisa, abuela susurrando,

y ella queriendo salir detrás del sol.

El eco de la montaña

con voz de abuela,

pero ella no vuelve, ¡corre!

Lleva flores de cantuta,

retama,

que hoy no volverás.

Corre, niña, corre arriba,

donde el viento rompe la voz,

donde el cielo toca la tierra

y la montaña guarda el sol.

Corre, niña, entre los cerros,

que nadie te puede alcanzar,

las llamas pisan tu sombra

y los cóndores te miran pasar.

Rumy duerme cerca del manantial,

¿quién podrá despertarla?

Los sueños son íntimos,

y tocará muy pronto llorar.

Hoy, cuando la tarde se duerma

junto al fuego del hogar,

la niña cierra los ojos.

Llullaillaco será tu hogar.