Raul A

No pasa nada

Mamá preguntó si estaba bien.

 

—Sí.

 

No pasa nada.

 

El profesor preguntó

por qué estaba tan callado.

 

—Estoy cansado.

 

No pasa nada.

 

Mis amigos preguntaron

por qué ya no salía con ellos.

 

—Tengo cosas que hacer.

 

No pasa nada.

 

Aprendí a sonreír

cuando alguien preguntaba.

 

Aprendí a decir

que todo estaba bien.

 

Aprendí que una respuesta corta

hace que las preguntas desaparezcan.

 

No pasa nada.

 

Un día dejé de hablar.

 

Nadie lo notó.

 

Otro día dejé de reír.

 

Nadie preguntó.

 

Después dejé de aparecer.

 

Al principio

alguien preguntó por mí.

 

Después dejaron de hacerlo.

 

La vida continuó.

 

Las clases continuaron.

 

Las conversaciones continuaron.

 

Las fotografías continuaron.

 

Incluso mi silla

siguió en el mismo lugar.

 

Qué extraño.

 

Durante todo ese tiempo

todos habían dicho lo mismo:

 

“No pasa nada.”

 

Quizá tenían razón.

 

Porque cuando finalmente

alguien decidió mirar,

 

ya no había nada que arreglar.

 

Solo una silla vacía,

 

un nombre en una lista

 

y una frase que todos

recordaban haber escuchado:

 

“Estoy bien.”