Ale Aguilar Moreno

Sabotaje

Mi mayor traición

fue saborear tus palabras,

sentir el pecho encendido

al oírte decir algo en mi oído

y creerlo como en piedra escrito.

 

Mi mayor virtud,

creí,

que llamarte solo por tu nombre

y no terminar mis frases en un “te quiero”,

pero veo que equivoqué y ahora solo suelo

sentarme en el sofá y esperarte

para aplacarnos el fuego.

 

Y es que, en la decadencia de las cosas,

tus labios son cual rocas

que caen al estanque

de las cosas que me vuelven loca,

 

y tu voz, la presencia de las ondas

que alteran mi psique,

elucubrando mil maneras

para, a la tumba, seguirte,

cuando tu ausencia empaña el vidrio de mis mañanas.