No he venido a este mundo a ser reflejo
de una norma que imponen las miradas,
ni a buscar el aplauso en el espejo
de las almas que viven disfrazadas.
Me cansé de encajar en el molde ajeno,
de callar los colores que yo siento,
de beber del silencio su veneno
para no incomodar al pensamiento.
Hoy me visto de lo que soy y siento,
de sombra fresca, libertad y viento;
desato el hilo, el rumbo a donde voy,
y en el latido de la vida, soy.
No camino jamás en soledad:
me acompaña una huella, un par de orejas,
mis ángeles de cola y claridad,
el milagro de un ave y plantas viejas.
Amo ver cómo cae la tarde serena,
escuchar un gorrión en la mañana,
sentir la vida limpia y sin la pena,
y abrir de par en par hoy la ventana.
Si mi risa o mi andar a alguien perturban,
que se asombren, que duden, que moleste;
no dejaré que las sombras me turben
en este vuelo libre hacia el sudeste.
Ya no busco la máscara obligada,
ni el ropaje de un guión que no es el mío.
Hoy me quedo con mi alma despeinada,
con mi propia verdad y mi albedrío.
No vine a ser normal, vine a buscarme,
a ser la fiel versión de lo que siento.
No hay mayor libertad que el parecerme
a mí misma, en cada fibra y en el viento.