¿Quien le pudiera suplicar al viento
sangrando lágrimas de triste rosa,
dar escolta a tu pulpa en el adviento
desenvoltorio de tu estatua umbrosa?
Entre susurros el deseo posa
por las curvas que paren las estrellas,
ojos del pecho y carnes de la diosa
mis manos ya despojan sus querellas.
Poco a poco las firmo con mis huellas,
señas que arden cual eco de ultratumba,
que sale al paraíso y gime bellas
homilías que ensalzan cualquier tumba.
Duerme entre lirios plenos de amor suave,
dicho se tiene: el que lo prueba, sabe.