Espero que mi llanto no te asuste,
que mi rareza no te repugne,
que mi intensidad no te embriague,
que mi amor no te consuma.
Porque soy todo eso.
Y aun así,
quiero ser tuyo.
Pienso en aquella noche
donde conociste mi alma,
donde, como la luna, me seguiste;
donde tus brazos me consolaron
y tus secretos
me enseñaron tu alma también.
Tu cálido brillo me guía en la penumbra,
tu fría presencia arrulla mi invierno.
Y comprendí entonces
que aquellos tristes poetas
nunca hablaban de la luna:
hablaban de almas,
de personalidades como la tuya.
Como la luna distante, eres cercana.
Como la luna fría, eres consuelo.
Como la luna oscura, iluminas.
Como la noche aterradora,
eres fascinante.
No eres mi estrella.
Eres mi luna.
Tus ojos, satélites
que giran dentro de mi ser;
tu forma cambiante
siempre consigue hipnotizarme.
La musa de mis pensamientos,
la música detrás de mis silencios,
la motivación de todo mi existir.
“La luna sabe todo perfectamente de mí”
—\"La luna sabe\", La Santa Grifa.