Mira, te lo quiero decir así, sin vueltas:
me gusta este amor de manos limpias
que se nos nota en el café de la mañana,
en el secreto que inventamos bajo las sábanas
y en las ganas de darnos un beso sencillamente porque sí.
No me preguntes cuánto va a durarnos.
A lo mejor es para siempre,
o tal vez se nos termine el próximo domingo.
Da igual.
Lo que me importa es que hoy estamos acá,
ganándole la partida a la rutina.
Por eso me gusta que tengas la puerta abierta.
No quiero rejas entre nosotros;
prefiero que vueles todo lo lejos que quieras
porque sé que, si eres libre de irte,
elegís volver a buscarme el abrazo.
A veces te miro y pareces algo de otro mundo,
una especie de milagro inalcanzable.
Pero después te reís, te acercas,
te bajás de ese pedestal de viento
y te vuelves otra vez vos:
tan de carne y hueso,
tan tierna,