Quédate
aunque la tarde se vuelva lluvia
aunque septiembre cierre sus puertas
y el otoño llegue despacio.
Quédate en ese lugar
donde el silencio no pesa
donde una mirada basta
para decir lo que callamos.
Quédate
no por promesas
sino por ese instante
en que tu presencia
hace menos sola la memoria.
Quédate un poco más
que todavía hay lluvia en la ventana
y un corazón
que no ha aprendido a despedirse.