Un viaje azul
y algunas horas muertas.
Escribir con alguna dosis pequeña de cordura
y aumentar la ilusión.
En la rama, una alondra con sus alas mojadas
que tiene miedo de caer y morir.
Esas calles enormes, solitarias,
con la luz directa alumbrando el parque
y la inquietante humildad del cielo.
Poner la mirada tan lejos como pueda
y dejar las preguntas para otro día.
La vida como lienzo desteñido
viajando por largos manantiales
y acumulando profundas soledades,
en una cascada de recuerdos
desabridos.
L.G.