El cielo concede
un tímido permiso
para saciar a la tierra,
pero la memoria traumática
solo recuerda los secanos.
En la biblioteca de Alejandría
no hay respuestas
y olvidamos el pasado
caminando entre trigales yermos
que rompen el ruido del corazón
en un pacto solemne, silencioso,
con los árboles de agua
que atraen la lluvia del temporal
y estremecen a la belleza
que seca las alas de las mariposas.