Le tengo prohibido
a mí corazón enamorarse,
no tiene permitido
ni siquiera pensar en eso,
sabe lo que sufrió
y que lo hago por su bien.
Le tengo prohibido
a mis ojos,
derramar una sola lágrima,
y hay de estás manos,
si por casualidad
dan alguna caricia.
Le tengo prohibido
a mis oídos,
exaltarse y perderse
en órbitas,
de algún sonido
puro y melancólico.
Le tengo prohibido
a mis labios,
insinuar gesto alguno
de pretender
besar otros labios.
Le tengo prohibido
a mí mente,
otorgarle entrada libre
a ese sentimiento.
Le tengo prohibido
a mí conciencia,
escaparse en el tiempo
y contemplar horizontes.
Le tengo prohibido
a mí corazón enamorarse,
no le tengo permitido
ni siquiera tropezar con eso,
sabe de aquello
que lo dejo desahuciado,
mudo y mutilado.
Le tengo prohibido
a mis ojos,
perderse
en una hermosa tentación.
Le tengo prohibido
a mis oídos,
escuchar el dulce despliegue
de fantásticas melodías.
Le tengo prohibido
a mis labios,
entregar
sonrisas en honor al sol.
Le tengo prohibido
a mí mente,
inventar intensas poesías
y hay de estás manos,
si se atreven a escribirlas.
Le tengo prohibido
a mí conciencia,
alterar el sistema biológico
de las hormonas.
Pero como prohibir aquello,
que ya ni a mí corazón
pertenece,
pues ya todo mí ser
es tuyo,
y que por falta de ti,
este tonto corazón
se va muriendo.
He intentado prohibir
la llegada de ese barco,
al puerto desordenado
de mis pensamientos,
prohibir la destructiva
caricia de tu voz,
aunque está es hoy la brisa
que le da vida
a mis sentidos.
No comprendo, no acepto,
eso que me va cautivando
y que a mí corazón
ya tiene inquieto,
enloquecido y enamorado,
pero así enamorado
cómo está
mí silencio es su castigo,
y está ahí contigo,
pero sin ti.