Espantapájaros

Autoconsumo

Rompió el cascarón
y contó diez dedos,
sin saber contar.
 
Halló un cuerpo alquilado,
abollado,
sin multas ni cuentas
por pagar.
 
Vestía con piel prestada,
sábana de hospital.
 
Sus ojos en borrador
falseaban la realidad.
 
Y sus codos
y sus rodillas
no iban al mismo lugar.
 
Traficaba intelecto
de sastrería:
pesimismo con cremallera,
cuatro estaciones,
un solo botón.
 
Olía a menesteres.
 
Bebía espasmos de la canilla.
 
Lloraba las horas ganadas,
festejaba la decepción.
 
Su carne era consuelo,
un caníbal con inanición.